FILTROS EN OPERADOS LASIK
septiembre 21, 2009 by Carles
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La corrección de defectos visuales mediante cirugía refractiva es una realidad y cada vez hay más personas que se someten a estas operaciones. Las técnicas van mejorando y cabe esperar que en los próximos años las cifras de operados aumenten. Sin embargo, a pesar de las mejoras en estas técnicas quirúrgicas, todavía persisten ciertas complicaciones. Dejando al margen las posibles complicaciones clínicas, la neutralización total del defecto visual del paciente no siempre es completa y muy a menudo aparece una mayor sensibilidad a la luz, que en ocasiones llega a ser muy molesta, en especial en condiciones de poca luz, cuando las pupilas se dilatan y entran en juego las zonas periféricas de la cornea. En estas circunstancias pueden aparecer halos alrededor de las luces. La conducción nocturna de vehículos suele ser una de las tareas más difíciles para las personas operadas. Otra complicación frecuente es la pérdida de contraste, que en ocasiones llega a ser notoria. A pesar de esto, la gente valora muy positivamente el hecho de dejar de llevar gafas o simplemente de no depender de ellas y la mayoría de operados se declaran satisfechos tras su paso por el quirófano.
En la vida del paciente post-lasik desaparecen las gafas, pero no las de sol, pasando a ser usuarios potenciales de lentes de protección solar y en ocasiones de gafas para corregir la graduación residual y mejorar la sensibilidad al contraste. Serán de uso esporádico para optimizar la visión en circunstancias de fuertes demandas visuales como: trabajo con monitores, conducción nocturna, iluminación solar alta, etcétera.
Hoy en día todos poseemos una gafa de sol, y para los operados post-lasik, en determinadas condiciones de iluminación, los filtros solares son una necesidad. En estos casos es muy recomendable el empleo de lentes que, aparte de proteger contra los rayos UV, proporcionen una buena visión sin alterar las capacidades visuales. Una lente coloreada cualquiera disminuye algunas funciones visuales: hay una pérdida de sensibilidad al contraste y una modificación en la cromaticidad de la escena.
La pérdida de sensibilidad al contraste va asociada a la disminución de la luminancia media y en cuanto a la modificación en la cromaticidad, ésta se compensa en parte gracias a los mecanismos de adaptación cromática, que resultará más o menos eficaz dependiendo del perfil espectral de la lente.
El Laboratorio de lentes oftálmicas Essilor ha creado los filtros PhysioTints, estos filtros constituyen una buena alternativa para personas intervenidas de defectos refractivos mediante la técnica Lásik, ya que proporcionan una mejor sensibilidad al contrate y discriminación cromática que los convencionales.
Los PhisioTints son una nueva gama de colores concebidos para procurar a los usuarios de lentes de color una visión más natural de los colores. Están disponibles en marrón, gris, verde y gris-verde; desde la tonalidad A hasta la tonalidad D, pasando por el AB, B y C. En total veinte opciones diferentes para cubrir todas las necesidades, desde el tono más claro para conducción nocturna o trabajo con monitores, hasta el más oscuro para alta montaña o navegación.
Habiendo realizado un seminario sobre Avances en la Cirugía de la miopía, Hipermetropía y Astigmatismo en el prestigioso Centro de Oftalmología Barraquer así como el Curso de Optometría Pre y Post-Lásik en el Instituto Oftalmológico Gabriel Simón, nos ponemos a su disposición para asesorarles acerca de lo que supone esta opción. En el caso de intervenidos con anterioridad también podemos controlar la evolución tanto de su visión como de su estado ocular tras la intervención.
Carlos Fábregas
ÓPTICA FÁBREGAS
AMIGOS PROGRESIVOS
septiembre 21, 2009 by Carles
Archivado en Artículos, Consejos y Curiosidades
Por Luis Bielsa Elies.
¿Qué son las lentes progresivas?
Las “lentes progresivas”, también conocidas como “progresivos”, están diseñadas para ofrecer ayuda óptica en todas las distancias de visión, lo que es especialmente útil cuando descubrimos que somos incapaces de leer la fecha de caducidad de un yogur o el número de teléfono del dentista.
De esta manera y con independencia del tipo de problema visual que tengamos podemos ver con nitidez y comodidad tanto la página del libro que tenemos delante como la pantalla del ordenador, el reportaje en televisión sobre la vida íntima de las abejas, o el paisaje que se divisa desde la ventana. Todo ello gracias a una estudiada variación de graduaciones ópticas que van “progresando” a medida que los ojos se desplazan sobre las lentes, de ahí su denominación de “progresivas”.
Progresiva libertad
Si la aparición del automóvil representó la libertad de muchas familias para trasladarse donde quisieran y cuando quisieran, las lentes progresivas brindaron a la gente con problemas en visión de cerca la misma libertad de acción para mirar y ver sin dificultades todo lo que se les antojase, estuviese lejos, a media distancia o cerca.
Antes de su aparición, las personas “présbitas” (este término no es un insulto sino que es una forma de etiquetar a los que padecen o padecemos dificultades al leer o escribir) tenían únicamente dos opciones para escoger.
En primer lugar, optar por el coleccionismo privado de gafas; esto es, usar unas gafas para leer, otras para pintar, planchar o cocinar y otras para ir por la calle, conducir o ir al cine.
En segundo lugar, renunciar a la visión intermedia y hacerse unas lentes como las conocidas por “bifocales”, para ver bien de lejos y de cerca con las mismas gafas, aún a costa de realizar ciertas acrobacias oculares para pasar de una a otra graduación.
Además, estas limitaciones obligaban a quienes tenían dificultades sólo en visión próxima a explicar muy bien cual era su distancia de trabajo (no es la misma la de un relojero que la de un cocinero o la de un fabricante de campanas).
La gran aportación
La lente bifocal fue el gran invento, hace más de doscientos años, para no andar por el mundo con unas gafas puestas y las otras (las de cerca) colgadas del cuello como un amuleto o en un estuche dentro del bolso. A mediados del siglo XX, fueron superadas por las lentes progresivas.
Las lentes progresivas eliminaron la característica “raya” del bifocal con lo que, además de las indudables ventajas visuales y funcionales, fue motivo de alegría para muchos présbitas que asociaban la imagen de los bifocales a la pérdida de la juventud.
Desde la revolución industrial, el tiempo parece que pasa más rápido, cada
vez las cosas duran menos porque se quedan obsoletas antes, y esto también sucede con las lentes progresivas.
Nada (o casi nada) tienen que ver con sus primeros prototipos – cuya comodidad visual era algo parecido a sentarse sobre un cactus – con los diseños desarrollados posteriormente.
Conseguir unas lentes capaces de ofrecer todas las graduaciones necesarias para mantener la visión perfecta es un proceso largo, laborioso y difícil. Por esa razón, desde la aparición del primer modelo, han ido surgiendo diferentes generaciones de lentes, cada una con mayores ventajas respecto a las anteriores.
Los primeros progresivos determinaban que el usuario se comportara como un robot, obligado a mover toda la cabeza cada vez que miraba algo que no estaba justamente frente a su línea de mirada. Las distorsiones en la periferia eran notables y el campo visual de cerca muy pequeño.
Esta rigidez postural y los forzados movimientos de cabeza que se tenían que realizar al leer o escribir, no eran precisamente un estímulo para que la gente se lanzase en masa a disfrutar de los placeres del nuevo invento.
Hoy en día, estos inconvenientes han sido superados; las lentes progresivas proporcionan una visión mucho más amplia y natural. Gracias a la habilidad de los grandes sabios de la óptica y a los revolucionarios sistemas de fabricación, se asocian felizmente las demandas visuales de las personas con las posibilidades tecnológicas de la óptica aplicada.
Todos podemos
Con excepción de algunos casos muy concretos, cualquiera de nosotros (nosotras) podemos ser usuarios de lentes progresivas, incluso los más escépticos se adaptarían sin problemas en cuanto descubriesen sus ventajas.
Si no existen alteraciones fisiológicas, psicológicas o visuales que impidan o dificulten su uso, la adaptación a las mismas es más fácil que coser y cantar (para un aficionado a ambas cosas): es como cantar a secas.
De la misma manera que en el silencio del bosque la caída de una rama es bastante notoria, es más probable que llegue a nuestros oídos un caso de rechazo a los progresivos que 90 casos de adaptación favorable.
También sucede que los progresivos no dejan pasar una; lo que significa que cualquier problema en la graduación, centrado o adaptación de las gafas sobre el rostro puede implicar problemas en su aceptación.
En general, es suficiente con volver a nuestro óptico-optometrista para que nos reajuste las nuevas gafas y volvamos a recuperar la felicidad perdida.
Si a pesar de todo aparece la improbable excepción, y aún sin razones explicables, no los aceptamos plenamente, no hemos de pensar que nuestros genes son de otro planeta. Con toda seguridad, formaremos parte del microscópico porcentaje de usuarios que, por razones que se escapan a los actuales conocimientos sobre óptica y optometría, no superamos la adaptación total.
ÓPTICA FÁBREGAS.







