EL ESTRÉS DE LOS NIÑOS ES VISUAL
septiembre 21, 2009 by Carles
Archivado en Artículos, Optometría Pediatrica
El ya conocido como “estrés visual” no solo es un problema que se da en personas adultas. El niño cada vez tiene unas demandas de visión i necesidades visuales cada vez más grandes. No solo en la escuela el niño fuerza la visión. En casa, la televisión, los videojuegos, el ordenador, son sitios donde el niño cada vez pasa más horas.
Nuestra sociedad tiende a trabajar en espacios visuales reducidos y en distancias cortas, con lo cual provocamos en nuestro sistema visual un sobreesfuerzo que no siempre somos capaces de contrarrestar. El niño también se mueve en estas circunstancias.
En la actualidad los adultos hemos asimilado el estrés con mayor progresión que un niño. El estrés nos produce una sobrecarga corporal y emocional, sufriendo así una adaptación o en el peor de los casos una disfunción y deterioramiento de órganos o partes de nuestro cuerpo, entre estas también incluido el sistema visual.
En el niño, el trabajo de cerca impuesto por la sociedad y el entorno, crea unas demandas visuales superiores a las capacidades de visión que este tiene, teniendo en cuenta que es un sistema visual que todavía no se ha desarrollado del todo y no está preparado para una gran actividad en visión de cerca, añadiendo a todo esto las presiones familiares, escolares y de conducta.
Es por todo esto que tenemos que ofrecer unos conocimientos, revisiones visuales y técnicas de relajación para defenderse del estrés y del gran número de molestias producidas por este, como dolor de cabeza frontal, dolor ocular, ojos rojos, fatiga visual, sensibilidad a la luz, visión borrosa al cambiar de lejos a cerca, acercarse al texto, malas posturas para leer y escribir, aumento de la miopía, bajo rendimiento escolar, etc…
Por todo esto los niños tienen que ser observados por los profesores y los padres y en el caso y como medida de precaución acudir a un profesional de la visión que se ocupe, no solo de detectar un posible error refractivo, sino también de analizar la visión binocular, motricidad ocular, convergencia y divergencia de los ejes visuales, flexibilidad acomodativa, relación de la acomodación y convergencia, etc…
El cambio de rendimiento en el niño y su posible estrés visual acostumbra a aparecer a mitad de curso, cuando el niño ya ha agotado parte de sus reservas visuales.
Delante de un estrés visual el niño recibe una activación del sistema nervioso simpático, produciendo una dilatación pupilar, relajación de la acomodación y una pérdida del mantenimiento de la atención en el trabajo de cerca.
Para contrarrestar esto, se produce una actividad del sistema nervioso parasimpático y una sobre acomodación; cambia la relación de la convergencia con la acomodación aprendida por el cerebro y se produce un aumento de la convergencia, con lo cual disminuye la medida de la imagen retiniana y por todo esto el niño tiende a acercarse más para leer o escribir.
Cuando este proceso se repite varias veces y se agotan las reservas del sistema nervioso simpático aparecen los síntomas de enrojecimiento y picor de ojos, dolores de cabeza, cuello y espalda, y esto es el aviso de posibles cambios de los parámetros fisiológicos.
En este momento puede pasar que el niño abandone el trabajo escolar y se acabe el estrés, o que se produzca una adaptación al estrés visual y aparezcan problemas binoculares y acomodativos, que después podrían derivar en una miopía.
Todo niño que empieza una actividad escolar, tendría que pasar por la consulta de un óptico-optometrista, con la cual cosa se realizaría una eficaz prevención del estrés visual y como consecuencia, del abandono escolar, falta de rendimiento escolar y de la miopía.
Las medidas a tomar por parte del especialista acostumbran a ser: gafas o lentes de contacto, terapia visual, o las dos combinadas. Todo esto acompañado de medidas ergonómicas tanto en la escuela como en casa.
OPTICA FABREGAS







