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AMIGOS PROGRESIVOS

septiembre 21, 2009 by Carles  
Archivado en  Artículos, Consejos y Curiosidades

Por Luis Bielsa Elies.

¿Qué son las lentes progresivas?

Las “lentes progresivas”, también conocidas como “progresivos”, están diseñadas para ofrecer ayuda óptica en todas las distancias de visión, lo que es especialmente útil cuando descubrimos que somos incapaces de leer la fecha de caducidad de un yogur o el número de teléfono del dentista.

De esta manera y con independencia del tipo de problema visual que tengamos podemos ver con nitidez y comodidad tanto la página del libro que tenemos delante como la pantalla del ordenador, el reportaje en televisión sobre la vida íntima de las abejas, o el paisaje que se divisa desde la ventana. Todo ello gracias a una estudiada variación de graduaciones ópticas que van “progresando” a medida que los ojos se desplazan sobre las lentes, de ahí su denominación de “progresivas”.

Progresiva libertad

Si la aparición del automóvil representó la libertad de muchas familias para trasladarse donde quisieran y cuando quisieran, las lentes progresivas brindaron a la gente con problemas en visión de cerca la misma libertad de acción para mirar y ver sin dificultades todo lo que se les antojase, estuviese lejos, a media distancia o cerca.

Antes de su aparición, las personas “présbitas” (este término no es un insulto sino que es una forma de etiquetar a los que padecen o padecemos dificultades al leer o escribir) tenían únicamente dos opciones para escoger.

En primer lugar, optar por el coleccionismo privado de gafas; esto es, usar unas gafas para leer, otras para pintar, planchar o cocinar y otras para ir por la calle, conducir o ir al cine.

En segundo lugar, renunciar a la visión intermedia y hacerse unas lentes como las conocidas por “bifocales”, para ver bien de lejos y de cerca con las mismas gafas, aún a costa de realizar ciertas acrobacias oculares para pasar de una a otra graduación.

Además, estas limitaciones obligaban a quienes tenían dificultades sólo en visión próxima a explicar muy bien cual era su distancia de trabajo (no es la misma la de un relojero que la de un cocinero o la de un fabricante de campanas).

La gran aportación

La lente bifocal fue el gran invento, hace más de doscientos años, para no andar por el mundo con unas gafas puestas y las otras (las de cerca) colgadas del cuello como un amuleto o en un estuche dentro del bolso. A mediados del siglo XX, fueron superadas por las lentes progresivas.

Las lentes progresivas eliminaron la característica “raya” del bifocal con lo que, además de las indudables ventajas visuales y funcionales, fue motivo de alegría para muchos présbitas que asociaban la imagen de los bifocales a la pérdida de la juventud.

Desde la revolución industrial, el tiempo parece que pasa más rápido, cada

vez las cosas duran menos porque se quedan obsoletas antes, y esto también sucede con las lentes progresivas.

Nada (o casi nada) tienen que ver con sus primeros prototipos – cuya comodidad visual era algo parecido a sentarse sobre un cactus – con los diseños desarrollados posteriormente.

Conseguir unas lentes capaces de ofrecer todas las graduaciones necesarias para mantener la visión perfecta es un proceso largo, laborioso y difícil. Por esa razón, desde la aparición del primer modelo, han ido surgiendo diferentes generaciones de lentes, cada una con mayores ventajas respecto a las anteriores.

Los primeros progresivos determinaban que el usuario se comportara como un robot, obligado a mover toda la cabeza cada vez que miraba algo que no estaba justamente frente a su línea de mirada. Las distorsiones en la periferia eran notables y el campo visual de cerca muy pequeño.

Esta rigidez postural y los forzados movimientos de cabeza que se tenían que realizar al leer o escribir, no eran precisamente un estímulo para que la gente se lanzase en masa a disfrutar de los placeres del nuevo invento.

Hoy en día, estos inconvenientes han sido superados; las lentes progresivas proporcionan una visión mucho más amplia y natural. Gracias a la habilidad de los grandes sabios de la óptica y a los revolucionarios sistemas de fabricación, se asocian felizmente las demandas visuales de las personas con las posibilidades tecnológicas de la óptica aplicada.

Todos podemos

Con excepción de algunos casos muy concretos, cualquiera de nosotros (nosotras) podemos ser usuarios de lentes progresivas, incluso los más escépticos se adaptarían sin problemas en cuanto descubriesen sus ventajas.

Si no existen alteraciones fisiológicas, psicológicas o visuales que impidan o dificulten su uso, la adaptación a las mismas es más fácil que coser y cantar (para un aficionado a ambas cosas): es como cantar a secas.

De la misma manera que en el silencio del bosque la caída de una rama es bastante notoria, es más probable que llegue a nuestros oídos un caso de rechazo a los progresivos que 90 casos de adaptación favorable.

También sucede que los progresivos no dejan pasar una; lo que significa que cualquier problema en la graduación, centrado o adaptación de las gafas sobre el rostro puede implicar problemas en su aceptación.

En general, es suficiente con volver a nuestro óptico-optometrista para que nos reajuste las nuevas gafas y volvamos a recuperar la felicidad perdida.

Si a pesar de todo aparece la improbable excepción, y aún sin razones explicables, no los aceptamos plenamente, no hemos de pensar que nuestros genes son de otro planeta. Con toda seguridad, formaremos parte del microscópico porcentaje de usuarios que, por razones que se escapan a los actuales conocimientos sobre óptica y optometría, no superamos la adaptación total.

ÓPTICA FÁBREGAS.

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